El partido de fútbol

En 1937 (o 1938) el viejo acorazado alemán “Schleswig Holstein” lanzó sus anclas frente al cementerio. Bajo el herrumbriento pórtico de la grúa y caseta del agua adelante, pisando los Puentes, la brillantez de los instrumentos musicales, el xilófono adornado, la larga vara del “mandador” de la formación, bajando y subiendo a las órdenes de su brazo, los impecables uniformes y la marcialidad teutónica, dejaron una imborrable impresión en el pueblo arrecifeño. La banda de música local, acomodada en el Kiosko se acomplejó y dicen que lo último que se vio de ella fue a señor Ginés “El Bruno” que, escondidos los platillos bajo la chaqueta, casi huía a su casa. Por la tarde el “Arrecife” caía derrotado por once goles ante la selección alemana y el enfado de Don Manuel; y los conciertos de aquella, no banda sino orquesta, se sucedían; los marineros comían “bananos” en los bancos de cemento del “Muelle Chico”; y Andrea, la limpiadora de casa de Don Pedro, se “echaba” un novio alemán; y una noche Andrea, cansada del “auf viedersen” del alemán, le espetó aquello de : “Afílate que me marcho”; y se empezó a repartir “Signal” y “Der Adler”; y casi todos sienten simpatía por los alemanes menos Don Andrés Fajardo, parapetado en su tradicional anglofilia; y aquellas revistas, llegadas a nuestras casas de manos de Don Pedro Schwartz, aumentan la simpatía; y en casa de mi tía Inocencia había un muñeco vestido de marinero alemán con la bandera rojinegra prendida de una aguja de hacer punto; y estaba la elegante águila y el plateado emblema circular con punto rojo, recuerdo de una noche de fiestas a bordo a la que mi madre no pudo asistir por miedo a la escala de la falúa, y a la que Doña Rafaela se encaramó valientemente; y los alemanes fueron muy respetuosos; y una noche confundieron una honrada casa de muchas mujeres con algo que les hizo salir entre disculpas reverenciosas; y aquel barco parece que fue hundido en combate y algunos de sus marineros desde el campo de prisioneros escribían a las chicas de Arrecife, recordando felices momentos de libertad.

Ni la estatura de Pancho, ni la agilidad de Gregorito, ni la fortaleza de Santiago, ni la técnica de Agustín o “Paco” Aguilar ni las internadas de “Romerito”, impidieron que
los alemanes del “Schlswic Holsten” fueran marcándole uno a uno hasta once goles a la representación de Lanzarote, después del ceremonial de las madrinas y la presencia rubicunda y uniforme de los teutónicos; aquella tarde de los años treinta y en el llano de La Vega, Don Manuel Arencibia, Presidente del Cabildo, en una de sus clásicas “cabreaduras”, y ante los buenos deseos del Comandante del “barco alemán” de que no se ensañaran con los nuestros, exclamó: ¡”Déjelos, para que los nuestros no sean “toletes”! Y después de aquel vapuleado equipo tuvimos al “Torcusa”, y el “Osborne” creado por Juan Sierra y transformado en “Lanzarote” de manos de Guillermo Toledo; y el “Marino”; y el “Arrecife” y “Educación y Descanso” y el superviviente “Torrelavega”; y entre los chiquillos el “Tenique” o el “Imperial” pero en el “Campo del Carbón” y con “Aurita” la profesora de madrina; y en los primeros tiempos vimos jugar a Agustín Suárez y a “Falange” y a los Fábregas y dicen que jugó Pepe Miranda; y en el Osborne-Lanzarote a Miguel Corujo defendiendo su portería y a los hermanos Naranjo y a Salvador “el de la Imprenta”; y se internaban “Pepe” Reguera y Domingo “El Cotorro”; y ratoneaban Arbelo y Solís y arropaban a aquel extraordinario jugador, Alfonso “El Turco”; y frente a ellos “Pepe” de León o los
hermanos Quintana, y Manolo “El Candao” y Tacoronte; Carlos Reguera y a Pedro Martín; y al “Rubio” del Torrelavega con su mano mutilada; y los hermanos del Toro,
Ruperto en el Lanzarote y el otro en el Torrelavega; y un día arbitró, recién llegado Tomás Aguilar; y señor Domingo, varita de membrillo bajo el brazo, impedía que alguien se colara y abría el antiguo pozo de las salinas para regar el “Estadio”; y las paredes de éste nunca se encalaron, ni sus gradas se terminaron, ni sus casetas se llegaron a techar; y se convirtió en calles; y hoy por el lugar de sus porterías pasa la calle “Portugal” con coches afanosos de marcar gol; y sus bandas son la “Argentina” y la “Triana”; y la “Doctor Fleming” parece sustentar la antigua portería del norte; y
así pasó el Estadio a la historia; pero aquellos llanos siguen añorando nombres; y Julio Blancas entrenaba; y el alférez Pestaña defendía una portería; y los venido de fuera, Yoyo o Franco; y arbitraban el otro “Pepe” Miranda o Blancas, Paquito o los Fábregas y Rafael “Cullen”; y vino el “Price” a inaugurar el campo y le acompañaba Roig y se marcó el gol directo de córner; y Gregorio Fernández fue la admiración de muchos; arribaron el Atlético, la Unión Deportiva o sus filiales; y “Frasco” Rodríguez defendía la portería como anteriormente lo habían hecho “Tino” Díaz y Octavio Camejo; y Luis “Oliva” defendía los colores del Marino y “Mano Félix” y “Miguelito el Peligroso” los de Lanzarote y Carlos Reguera o Agustín Corujo ya no jugaban en el Marino y Miguel había pasado al Torrelavega y a Cesar Carrasco le fracturan una pierna; y el Marino recibe once a cero del Lanzarote, en una tarde inspirada de los Reguera, El Cotorro, El Turco, Solís y Arbelo; Antonio García Márquez maravillaba con su inconcebible dominio del balón; y “Meluco”, a quien la incompetencia de un directivo madrileño impidió que Lanzarote tuviera su primer internacional; y había aficionados como mi padre, que aguantan, domingo tras domingo, la tierra y el calor; y el estadio tiene bancos de madera, pero casi todo el mundo prefiere las inconclusas gradas y un día, sorpresa, se hacen con cemento los asientos; y los aficionados siguen soportando tierra y calor; y se inicia la construcción de un nuevo complejo deportivo; pero el recuerdo del llano de las antiguas salinas y del viejo e interminado Estadio, lo guardamos muchos como oro en paño.

Historia menuda de Arrecife. Antonio Lorenzo Martín.

foto: Gabriel Cobo García

foto: Gabriel Cobo García

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